La Coctelera

Categoría: citas

Too old, too fat, too lazy and too rich

Tengo que declinar no solamente esta oferta, sino cualquier otra de índole literaria. Y ello por cuatro razones: porque soy demasiado viejo, demasiado gordo, demasiado perezoso y demasiado rico.

David Hume, rechazando la oferta de continuar su Historia de Inglaterra.

Consejo de David Hume contra los trolls

Las discusiones con hombres que se muestran pertinazmente obstinados en sus principios son las más fastidiosas de todas; exceptuando, quizás, las que se desarrollan con personas completamente deshonestas, que en realidad no creen en las opiniones que defienden, sino que toman parte en la controversia por afectación, por espíritu de oposición, o por el deseo de mostrar una agudeza y finura intelectual superiores a las del resto de la humanidad. En ambos casos cabe esperar la misma adherencia ciega a sus propios argumentos; el mismo desprecio para con sus contrincantes; y la misma vehemencia apasionada en su insistencia en la sofistería y la falsedad. Y como el razonamiento no es la fuente de donde estos disputantes derivan sus principios, es inútil esperar que cualquier lógica, la cual no habla a los afectos, les induzca alguna vez a adoptar principios más sólidos. [...] Por lo tanto, la única forma de convertir a un contrincante de esta clase es dejarlo solo. Porque al encontrar que nadie discute con él, es probable que, al fin, y de puro aburrimiento, regrese por sí mismo del lado del sentido común y la razón.

David Hume, Investigación sobre los principios de la moral, Espasa-Calpe, Madrid 1991.

La Virgen María tenía estrías

Había oído la voz que brotaba de su propio útero. Durante un tiempo tuvo miedo y después se sintió muy triste. Algunas veces lloraba, pero las náuseas seguían y seguían: nunca la dejaban en paz. No recuerdo haber leído nada de eso en la Biblia, pensó Rybys. María con náuseas al levantarse de la cama... Probablemente acabaré hinchada y con estrías en el vientre. Tampoco recuerdo haber leído nada de eso.

Sería una buena pintada para una pared, se dijo. LA VIRGEN MARÍA TENÍA ESTRÍAS.

Philip K. Dick, La invasión divina, Ediciones Minotauro. Barcelona 2004.

Educación e inteligencia

Nell -siguió diciendo el condestable indicando con el tono de voz que la lección estaba acabando-, la diferencia entre una persona ignorante y una persona educada es que esta última conoce más datos. Pero eso no tiene nada que ver con la estupidez o la inteligencia. La diferencia entre las personas educadas y las inteligentes, y eso es cierto estén o no bien educadas, es que las personas inteligentes pueden tratar con las sutilezas. No les confunden las situaciones ambiguas y contradictorias... de hecho, las esperan y sospechan cuándo las cosas parecen demasiado fáciles.

Stephenson, Neal, La era del diamante. Manual ilustrado para jovencitas, Ediciones B, Barcelona 2004.